RRHH Digital Aunque las dos recesiones económicas sufridas por la economía española desde 2008 han tenido mucho que ver en este fenómeno, Russell Bedford apunta que muchas sociedades podrían haber evitado la declaración de insolvencia si hubieran llevado sus cuentas al día para mover ficha antes de que fuera demasiado tarde. En la primera mitad del año 4.496 empresas solicitaron el concurso, un 283% más que las 1.174 del primer semestre de 2008.
Las empresas más afectadas por esta realidad son las pymes, sobre todo aquellas que facturan menos de dos millones de euros anuales, ya que suponen el 69% del total, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Russell Bedford señala que los administradores deben llevar al día las cuentas de la empresa y, en cuanto detecten problemas, dejarse asesorar para evitar una situación de quiebra o al menos evitar la responsabilidad civil a la que se pueden enfrentar en un concurso de acreedores. Este matiz es muy importante, ya que el retraso en su solicitud reduce las posibilidades de evitar la desaparición de la empresa. De hecho, el 90% de las sociedades se disuelven por demorar el proceso.
La Ley Concursal fija los supuestos en los que una empresa se encuentra en un estado de insolvencia. Aunque son varios los motivos que pueden llevar a esta situación financiera comprometida, la insolvencia es un hecho cuando se acumulan tres o más meses sin realizar el pago de impuestos, cuotas a la seguridad social o salarios e indemnizaciones de los trabajadores. Basta con incumplir alguna de estas obligaciones para ser insolvente.
A partir de ahí, es obligatorio declarar el concurso voluntario en los dos meses siguientes, aunque aquellas sociedades que tengan un problema de endeudamiento pueden solicitar el preconcurso de acreedores para renegociar los créditos y así aplazar el concurso (artículo 5 BIS de la Ley Concursal). Si la empresa afectada no toma la iniciativa, pueden hacerlo sus acreedores.
Principales medidas para evitar el concurso
Sin embargo, antes de llegar a esta situación se pueden tomar medidas que eviten o aminoren las consecuencias del concurso. En un decálogo elaborado por Russell Bedford, se señalan las diez más importantes, entre las que destacan llevar una contabilidad ordenada -revisar las cuentas mensualmente, no cada año- y adecuar la estructura de la empresa a su realidad y necesidades, para ganar en eficiencia.
Las grandes compañías son las que cuentan con más recursos para evitar situaciones límite como el concurso de acreedores, pero no es así en el caso de muchas pymes, en las que la persona que lleva las cuentas suele coincidir con su propietario o administrador. Esto propicia que, para cuando ya se han detectado los problemas, apenas haya margen para actuar. Con todo, cabe señalar que el concurso de acreedores no tiene por qué suponer el final de la empresa si, entre otras medidas, se ha solicitado en el plazo legal fijado.
