En este último montaje, Azar Teatro presenta a cuatro inquilinos de un edificio ruinoso que deben afrontar un problema inesperado: muere la casera y van a derribar el bloque. ¿Qué hacer, a dónde ir, cómo reconducir sus vidas? La desgracia une a los cuatro seres aislados y ensimismados en sus sueños, que van a conocer, por fortuna para ellos, una solución muy feliz. Ojalá miles de españoles que hoy se enfrentan a un embargo de vivienda o que viven en condiciones precarias, tuvieran esta misma solución que no desvelaré. Pero es que, además al final, no sólo se resuelve el problema de la casa, sino también la crisis vital que padecen los cuatro personajes por diferentes motivos, ya que sus sueños se canalizan o se cumplen en parte. Están muy bien las escenas en las que vemos a cada uno en los rincones de sus apartamentos soñando o mostrando sus anhelos: el hombre que canta ópera, la mujer que viste el traje de novia, el chico que se imagina triunfando como futbolista, etc. Todos sueñan (están vivos) y quieren mejorar, aunque no sepan cómo. Quizás la solución llueva del cielo.
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